CULTURA DE LA INMEDIATEZ
A partir de la pandemia, COVID_19, nos hemos fusionado, casi indisuluble , con el uso de las redes sociales y con ello a los cambios de conducta que nos han llevado a nuevas maneras de esperar y pedir los satisfactores que queremos para alcanzar una vida más plena, según los estándares que nos impone la sociedad actual.
Y ésta, según el diccionario, es la cualidad de aquello que sucede sin demora. Desde una perspectiva psicológica y sociológica, representa la necesidad de obtener resultados o respuestas de manera instantánea, sin mediaciones ni esperas.
Zygmunt Bauman, sociólogo reconocido por su teoría de la modernidad líquida, advirtió que «vivimos en tiempos de gratificación instantánea, donde todo lo sólido se desvanece en el aire, incluida nuestra paciencia y capacidad de esperar».
Nuestro cerebro, dicen los expertos, está programado para buscar placer y evitar el dolor. La gratificación instantánea activa el sistema de recompensa liberando dopamina, el neurotransmisor asociado con el placer. Esto explica por qué disfrutamos tanto de recibir un “me gusta” en redes sociales o de hacer una compra impulsiva. Sin embargo, este placer efímero puede volverse adictivo, llevando a un ciclo de búsqueda constante de estímulos rápidos y fáciles de obtener.
Además, las notificaciones constantes crean una sensación de urgencia permanente, lo que genera ansiedad y la percepción de que siempre estamos perdiéndonos algo importante. El impacto de la gratificación instantánea también se refleja en la toma de decisiones financieras. La facilidad con la que podemos hacer compras en línea y el acceso inmediato al crédito fomentan el consumo impulsivo.
Corren tiempos complejos en la cultura y en la medicina no es la excepcion. Una época turbulenta en la que la novedad arrasa con la reflexión y la información con el conocimiento. Hoy en día tanto en la medicina como en la vida es todo aquí y ahora.!!!!!
Estamos asistiendo a la era de la pre-enfermedad. Se nos pide hoy que hagamos diagnóstico con signos y síntomas mínimos, no teniendo en cuenta el factor tiempo tan importante en medicina, sumado a que el límite entre salud y enfermedad es a veces tenue.
Los resultados de laboratorio y de otros métodos diagnósticos y/o fotografías de manifestaciones cutáneas son transmitidos en forma instantánea a su médico vía whatsapp, email, etc., produciendo en el profesional una presión por dar una respuesta y determinar una conducta diagnóstica y/o terapéutica en “tiempo real” fuera de toda lógica y sensatez.
No existe un marco legal a través del cual un médico pueda diagnosticar, prescribir, recomendar o realizar su praxis médica con seguridad a través de una plataforma de comunicación instantánea. El diagnóstico dado por teléfono no es válido, pues al no poder explorar y tener la historia completa del paciente se corre el riesgo de cometer errores en el diagnóstico y por ende en el tratamiento.
Ante la inmediatez es importante el imperativo hipocrático de “primero no dañar”.
Si bien la tecnología nos ha facilitado la vida, también es crucial establecer límites para no caer en la adicción a la inmediatez.
La inmediatez no es inherentemente mala; de hecho, ha mejorado nuestra eficiencia y conectividad. Sin embargo, su abuso puede erosionar nuestra paciencia, nuestra capacidad de análisis y nuestro bienestar emocional. Al tomar conciencia de cómo la gratificación instantánea moldea nuestras vidas, podemos desarrollar estrategias para equilibrar el mundo digital con el real, disfrutando de los beneficios de la tecnología sin sacrificar nuestra salud mental y emocional.

